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Relatos del futuro (nuevo libro)

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Laberinto (terror/suspenso)

Era de noche cuando Robledo llegó a la calle Esmeralda. Se detuvo a pocos metros de un agente de policía. Apoyó la espalda contra la pared y esperó a recuperar la respiración. Miró hacia ambos lados. Al cerrar los ojos revivió la escena: dos ladrones lo habían detenido a dos cuadras de allí. Había doblado mal y entrado en una calle oscura, impregnada de olor a orines, como el de un baño de estación. Dos figuras surgieron de la nada y le exigieron lo que llevaba encima. Uno de ellos sacó un objeto filoso; el frío del metal le rozó el estómago. En los bolsillos guardaba trescientos pesos: doscientos cincuenta para pagar a la prostituta y el resto para comer. Apretó los dientes, recordando la semana entera cargando bolsas en el mercado hasta que la espalda le gritaba de dolor. Todo ese esfuerzo para reunir ese dinero. De pronto lanzó una patada en la entrepierna al más bajo y empujó al que blandía el cuchillo. Echó a correr como un caballo desbocado, hasta que los pulmones le ardieron com...

La casa del silencio (thriller)

  Mientras hojeaba el diario local, sus ojos se detuvieron en un titular perturbador: "En la primavera de 2023, tres excursionistas fueron hallados muertos en circunstancias escalofriantes en el área rural de San Agustín . Sus pertenencias personales se encontraban intactas junto a ellos, descartando el robo como motivo. Los cuerpos fueron encontrados semidesnudos y mutilados, con la ausencia de sus órganos internos. Lo más desconcertante para los investigadores fue el tipo de heridas: las víctimas habían sido apuñaladas con brutalidad por la espalda con un objeto punzante de tres puntas, lo que les provocó fracturas costales. Se presume que el asesino utilizó esta táctica para dejarlos indefensos antes de atacar. Una de las escenas más impactantes fue la de uno de los jóvenes, cuyo rostro había sido completamente extirpado. Ante tales hechos, surgieron diversas teorías, desde la participación de sectas diabólicas hasta la intervención de fuerzas extraterrestres. A pesar de las e...

La Prueba (fantasía)

El joven arquero llegó a los límites del reino de Malvus. Cruzó un arroyo y se internó en el Bosque Sombrío. Allí vivía la Bruja de Cascabel. Debía matarla y llevar su corazón al rey.         El atardecer pintó de dorado el paisaje. El arquero caminó por un sendero sinuoso, flanqueado por espesa vegetación. Los únicos sonidos eran sus pisadas y el susurro del viento, hasta que escuchó un grito.         Corrió hasta un claro y descubrió a una muchacha que estaba rodeada por tres lobos. Tensó su arco, pero no fue necesario disparar. Las bestias detectaron su presencia y huyeron.         Su nombre era Ava, tenía una corta cicatriz sobre su párpado izquierdo. Estaba agradecida por su valentía. La acompañó hasta su cabaña y se despidieron, pero durante la caminata, cruzaron miradas y sonrisas.           El rey le había prometido diez monedas de oro por el corazón de la bruja. Si lo conseg...

Todavía estoy allí (fantasía)

En ese risco, sudando, con la lanza temblando. Todavía la miro, aunque ya había perdido su amor… para siempre. Cuando cumplí catorce años, no tenía idea de lo qué quería ser. A veces me pregunto si algún día descubriré para qué sirvo. En aquella época, me conformaba con pasar el tiempo con mi mejor amiga: Alis Vaena . Éramos la segunda generación nacida en Lubus , un planeta seco que orbitaba las estrellas dobles de Alfa Centauri . El aire era respirable, pero tenía una textura distinta según me había contado mi abuelo. Nos encantaba recorrer el Desierto de la Muerte : una tierra de arena finísima, color ocre, salpicada de rocas y elevaciones. Desde esas alturas, veíamos cómo los dos soles se ocultaban en el horizonte. Era un espectáculo increíble: los colores desaparecían, y solo podías ver en rojo y negro. Le habíamos puesto ese nombre para añadirle dramatismo, aunque en realidad no es un lugar peligroso… salvo que hiciéramos alguna estupidez. Hace miles de años, el planeta fue habi...

El último atardecer (sci-fi)

El sol de la tarde de verano golpeaba sin clemencia los campos sembrados, y las aves se refugiaban en los charcos que la lluvia nocturna había dejado como espejos en la tierra. Ese paisaje, tan sereno en apariencia, era atravesado por Theo, desbordado en su carrera. Sus piernas ya no le respondían, y su corazón parecía un tambor a punto de romperse. En sus brazos cargaba al viejo Chispa, un white terrier que respiraba con dificultad. Al pasar junto a un contenedor de semillas abandonado, Theo pensó en detenerse, en esconderse allí, pero la intuición lo empujó más lejos. A doscientos metros divisó un granero torcido , con el techo vencido y las paredes inclinadas. —Eso está mejor —murmuró a Chispa. Llegó exhausto, la boca seca, el cuerpo empapado en sudor. El granero carecía de puerta, así que se lanzó dentro y buscó un rincón oscuro, donde la luz no alcanzaba. Chispa resopló, estirando el cuello para escuchar lo que ocurría afuera, pero Theo lo contuvo. —Shhh, tranquilo amigo —...