Era de noche cuando Robledo llegó a la calle Esmeralda. Se detuvo a pocos metros de un agente de policía. Apoyó la espalda contra la pared y esperó a recuperar la respiración. Miró hacia ambos lados. Al cerrar los ojos revivió la escena: dos ladrones lo habían detenido a dos cuadras de allí. Había doblado mal y entrado en una calle oscura, impregnada de olor a orines, como el de un baño de estación. Dos figuras surgieron de la nada y le exigieron lo que llevaba encima. Uno de ellos sacó un objeto filoso; el frío del metal le rozó el estómago. En los bolsillos guardaba trescientos pesos: doscientos cincuenta para pagar a la prostituta y el resto para comer. Apretó los dientes, recordando la semana entera cargando bolsas en el mercado hasta que la espalda le gritaba de dolor. Todo ese esfuerzo para reunir ese dinero. De pronto lanzó una patada en la entrepierna al más bajo y empujó al que blandía el cuchillo. Echó a correr como un caballo desbocado, hasta que los pulmones le ardieron com...
Nicolas Delacarta
Escritor de ciencia ficción, terror y fantasía.