Ir al contenido principal

Entradas

Todavía estoy allí (fantasía)

Entradas recientes

El último atardecer (sci-fi)

El sol de la tarde de verano golpeaba sin clemencia los campos sembrados, y las aves se refugiaban en los charcos que la lluvia nocturna había dejado como espejos en la tierra. Ese paisaje, tan sereno en apariencia, era atravesado por Theo, desbordado en su carrera. Sus piernas ya no le respondían, y su corazón parecía un tambor a punto de romperse. En sus brazos cargaba al viejo Chispa, un white terrier que respiraba con dificultad. Al pasar junto a un contenedor de semillas abandonado, Theo pensó en detenerse, en esconderse allí, pero la intuición lo empujó más lejos. A doscientos metros divisó un granero torcido , con el techo vencido y las paredes inclinadas. —Eso está mejor —murmuró a Chispa. Llegó exhausto, la boca seca, el cuerpo empapado en sudor. El granero carecía de puerta, así que se lanzó dentro y buscó un rincón oscuro, donde la luz no alcanzaba. Chispa resopló, estirando el cuello para escuchar lo que ocurría afuera, pero Theo lo contuvo. —Shhh, tranquilo amigo —...

Estrella de medianoche (melancólico)

El taxi tomó la Ruta 205 rumbo al aeropuerto de Ezeiza . Miré por última vez el camino por el que tantas veces viajé al centro. Los carteles mostraban a una chica linda apretando un pomo de mayonesa, un perro corriendo hacia su comida y un hombre que no me inspiraba confianza postulándose a diputado. Suspiré y cerré los ojos. Apoyé la cabeza en el cristal de la ventana y me acomodé en el asiento. —¿Te vas de vacaciones? —preguntó el chofer. Esperé para contestar. ¿Por qué le interesaba? No conocía a ese tipo. ¡Y si estaba en complicidad con delincuentes para robar los euros que llevaba encima! Lo observé. En el tarjetón identificatorio que llevaba colgado, la foto coincidía con su cara. Sacudí con disimulo la cabeza para despabilarme y me senté erguido. Estaba pensando pavadas, como siempre. —A Madrid . Ojalá no me equivoque en esta aventura de emigrar —respondí. Giró la cabeza para mirarme y sonrió. —¿Por qué te vas? Si todo está bien por acá. Levanté los hombros y los bajé. No supe ...

El retrato de la señora Partridge (terror)

“Me esforcé por ocultarlo, por sepultarlo bajo máscaras y sombras, pero lo salvaje y oscuro siempre encontró el modo de revelarse… y devorarme”  — Elizabeth Partridge — Era una mañana como cualquier otra en el barrio inglés de Hurlingham , a 40 kilómetros al oeste de la ciudad de Buenos Aires . Allí existía una antigua casona donde vivía Elizabeth Partridge, una octogenaria que decía ser descendiente de las primeras familias aristocráticas del país: dueñas de estancias y saladeros . Ella estaba de pie junto a un ventanal de la sala principal, revisando el marco de madera y los cristales rectangulares. Se desplazaba con una calma elegante, como si cada movimiento estuviera cuidadosamente medido para no perturbar el aire. Vestía siempre una falda larga que ocultaba sus pies y, sobre ella, una especie de chal que cubría sus brazos con una tela de textura noble y antigua. A veces parecía salida de otro siglo; a veces, de una pasarela minimalista. Llevaba el cabello tensado hacia atrás,...