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La Prueba (fantasía)




El joven arquero llegó a los límites del reino de Malvus. Cruzó un arroyo y se internó en el Bosque Sombrío. Allí vivía la Bruja de Cascabel. Debía matarla y llevar su corazón al rey.

  

    El atardecer pintó de dorado el paisaje. El arquero caminó por un sendero sinuoso, flanqueado por espesa vegetación. Los únicos sonidos eran sus pisadas y el susurro del viento, hasta que escuchó un grito.
    

   Corrió hasta un claro y descubrió a una muchacha que estaba rodeada por tres lobos. Tensó su arco, pero no fue necesario disparar. Las bestias detectaron su presencia y huyeron.
  

    Su nombre era Ava, tenía una corta cicatriz sobre su párpado izquierdo. Estaba agradecida por su valentía. La acompañó hasta su cabaña y se despidieron, pero durante la caminata, cruzaron miradas y sonrisas.
    

    El rey le había prometido diez monedas de oro por el corazón de la bruja. Si lo conseguía, compraría tierras y le pediría matrimonio a la muchacha que recién había conocido. Continuó su marcha solitaria, imaginando su futuro con Ava, cuando escuchó un cascabel.
  

    Desde la copa de un árbol, descendió la bruja, tal como se la habían descrito. Era una anciana esquelética, de piel pálida, nariz puntiaguda y uñas muy largas. Tensó el arco y disparó. Sin embargo, el proyectil se movía como si lo arrastrara una hormiga.
    

    "Mira más allá de las apariencias, más allá de todo lo que te han dicho en tu vida. Cuando estés listo, detendrás la flecha para buscar tu destino", dijo la bruja con voz quebrada.
  

    La flecha continuó su curso. El arquero estaba seguro de que era un engaño. Pero no entendía lo de las apariencias ni por qué salvar a la bruja lo ayudaría en su destino. Hasta que observó algo increíble.
      

       La anciana tenía la cicatriz de Ava. El arquero corrió detrás de la flecha y, de un salto, logró detenerla a centímetros del corazón. Se desplomó y su rostro se hundió en la tierra.
    

    Dos manos muy suaves lo ayudaron a incorporarse. El arquero volvió a ver a Ava. No necesitaba monedas de oro, tenía todo lo que deseaba.


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