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El retrato de la señora Partridge (terror)

“Me esforcé por ocultarlo, por sepultarlo bajo máscaras y sombras, pero lo salvaje y oscuro siempre encontró el modo de revelarse… y devorarme”  — Elizabeth Partridge — Era una mañana como cualquier otra en el barrio inglés de Hurlingham , a 40 kilómetros al oeste de la ciudad de Buenos Aires . Allí existía una antigua casona donde vivía Elizabeth Partridge, una octogenaria que decía ser descendiente de las primeras familias aristocráticas del país: dueñas de estancias y saladeros . Ella estaba de pie junto a un ventanal de la sala principal, revisando el marco de madera y los cristales rectangulares. Se desplazaba con una calma elegante, como si cada movimiento estuviera cuidadosamente medido para no perturbar el aire. Vestía siempre una falda larga que ocultaba sus pies y, sobre ella, una especie de chal que cubría sus brazos con una tela de textura noble y antigua. A veces parecía salida de otro siglo; a veces, de una pasarela minimalista. Llevaba el cabello tensado hacia atrás,...

El ángel de la cruz invertida (misterio - terror)

Marie hundió el pie en el barro y se lo torció demasiado. Se quejó del dolor, pero continuó la marcha. El sol estaba por alzarse en el horizonte, y la niebla apenas permitía ver un par de pasos adelante. Respiraba un aire frío, con olor a agua y cipreses. Al llegar a la cima sur de los Montes de Auvernia , esperaba divisar el monasterio abandonado. Quería liberar al ángel de la cruz invertida para que le concediera un deseo. —¡Falta poco, Marie! Lo lograremos —dijo la mujer extranjera que caminaba detrás. Tan solo ayer, Marie se encontraba arrodillada, con las manos en el suelo, junto a dos tumbas. Habían enterrado a su esposo y a su niño. El viento alzaba el humo del incensario en espiral hacia las nubes. El sacerdote del pueblo de Vallombreux la consoló diciendo que era el plan de Dios, que ellos estaban en el cielo. Marie no entendía por qué se habían enfermado. Asistían a la iglesia y seguían todas las reglas. ¡Debían haber estado protegidos!, se repetía una y otra vez, sumando má...