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Mostrando entradas de enero, 2026

Todavía estoy allí (fantasía)

En ese risco, sudando, con la lanza temblando. Todavía la miro, aunque ya había perdido su amor… para siempre. Cuando cumplí catorce años, no tenía idea de lo qué quería ser. A veces me pregunto si algún día descubriré para qué sirvo. En aquella época, me conformaba con pasar el tiempo con mi mejor amiga: Alis Vaena . Éramos la segunda generación nacida en Lubus , un planeta seco que orbitaba las estrellas dobles de Alfa Centauri . El aire era respirable, pero tenía una textura distinta según me había contado mi abuelo. Nos encantaba recorrer el Desierto de la Muerte : una tierra de arena finísima, color ocre, salpicada de rocas y elevaciones. Desde esas alturas, veíamos cómo los dos soles se ocultaban en el horizonte. Era un espectáculo increíble: los colores desaparecían, y solo podías ver en rojo y negro. Le habíamos puesto ese nombre para añadirle dramatismo, aunque en realidad no es un lugar peligroso… salvo que hiciéramos alguna estupidez. Hace miles de años, el planeta fue habi...

El último atardecer (sci-fi)

El sol de la tarde de verano golpeaba sin clemencia los campos sembrados, y las aves se refugiaban en los charcos que la lluvia nocturna había dejado como espejos en la tierra. Ese paisaje, tan sereno en apariencia, era atravesado por Theo, desbordado en su carrera. Sus piernas ya no le respondían, y su corazón parecía un tambor a punto de romperse. En sus brazos cargaba al viejo Chispa, un white terrier que respiraba con dificultad. Al pasar junto a un contenedor de semillas abandonado, Theo pensó en detenerse, en esconderse allí, pero la intuición lo empujó más lejos. A doscientos metros divisó un granero torcido , con el techo vencido y las paredes inclinadas. —Eso está mejor —murmuró a Chispa. Llegó exhausto, la boca seca, el cuerpo empapado en sudor. El granero carecía de puerta, así que se lanzó dentro y buscó un rincón oscuro, donde la luz no alcanzaba. Chispa resopló, estirando el cuello para escuchar lo que ocurría afuera, pero Theo lo contuvo. —Shhh, tranquilo amigo —...